Quién diría que el final estuvo más cerca de lo que esperaba. Me pilló de sorpresa, no lo niego.. aunque se veía venir. No fue tan trágico como pudo haberlo sido, pero aún así fue muy fuerte verme forzada a tomar una decisión que en el fondo no quería tomar. Sin embargo, era lo más sano para ambas partes y además, tengo mi dignidad. Nadie dijo que los fines fueran fáciles, pero a poco más de 2 semanas de aquel acontecimiento, aún quedan restos de nostalgia, confusiones, algunas "expectativas" que cada vez se difuminan más en la realidad y un grado superior de inmadurez, falta de asimilación del tema y tolerancia a ciertas situaciones.
Cuando uno aprende, dicen que duele. El que sabe andar bien en bicicleta es porque se cayó mil veces de ella hasta que la dominó. Pues bien, yo no aprendí a andar en bicicleta por el miedo al dolor, al caerme y el pánico que nunca superé. Acá es lo mismo, me arriesgué y traté de conocer esa otra vida, esas otras tantas cosas que nunca en la vida había vivido por miedo y a la falta de oportunidades e instructores. No me arrepiento de haberlo intentado.. no tengo palabras para todas las cosas que viví en ese corto pero intenso tiempo de plenitud soñada. Y en concordancia al dicho.. "lo bueno dura poco" . Fue tan bueno que estuvo destinado a morir, estuvo siempre esa "fecha de vencimiento" acechándonos.. hasta que venció y yo no alcancé a dominar la situación. Caí, me dolió y me dio miedo nuevamente.
Pero después de tantos dulces, viene el trago amargo. Como siempre en mi vida, vivo los periodos y cosas a destiempo. La última en cumplir años, la última en entrar, la última en entender, la última en madurar, etc. Acá se dio que fui la última en asimilar la situación y cuando sucedió comenzó el acabóse. En el fondo, esto es un duelo. Perdí a un ser querido. Primera vez que en mi vida amorosa siento la pérdida de alguien que aún quiero mucho y que siento cada día su partida con aquella actitud de indiferencia emocional. No se alejó físicamente y la rutina de siempre continuo, pero en espíritu ese lazo se está muriendo y eso es lo que más me duele de todo esto. Sentir que hay entre ambas partes una pared invisible siendo que lo tienes al frente. Como que cada día tomo más conciencia de que la magia definitivamente murió y no hay vuelta atrás en ningún sentido.
Lo peor es que no sé por qué razón este tema no me deja avanzar como quisiera. Siendo que estoy con toda la disposición de salir adelante. Además de que la tarea debería ser sencilla porque todo lo vivido y la persona en sí son dignas de recordar de buena forma.
No sé a qué le lloro. Quizás a la mala suerte de no haber coincidido en sintonías, de haber llegado tarde como siempre me sucede, de no ser lo suficientemente satisfactoria como para producir una preferencia.
Incluso he llegado a cuestionarme mi forma de ser: chica, inmadura, sin mundo, fome, con falta de independencia, ñoña, enojona.. y quizás cuantos otros detalles más que no me gustan de mi personalidad.
Me percibo apagada, sin ganas de nada.
Lo que es peor.. coincidió con toda la carga de estudios, el cansancio normal del periodo; sumándole a eso, ese inconformismo conmigo misma que saqué como explicación a mi fracaso amoroso, este tema en sí mismo y quién lo protagoniza, siendo su comportamiento lo que más me perturba.
Tengo TANTAS razones como para estar feliz... y no lo estoy.No me falta nada dentro de lo justo y necesario para vivir, pese a lo que acontece siempre he rendido bien en la universidad, mis padres volvieron y estan felices, tengo familia y amigos que me quieren y apoyan siempre, estuve de cumpleaños hace unos días y me saludó una enorme cantidad de gente, salí electa presidenta del centro de estudiantes de mi carrera hoy... pero sigue existiendo esa piedra de tope.. esa imagen ausente, ese vacío que ya no es representado por este hombre en particular, sino más bien por la falta de un sentimiento de amor de pareja, esa pareja que está ahí para apoyarte en tus bajos y celebrar tus altos, de compartir contigo esos momentos inolvidables y felices, de quererte y hacerte cariño cuando sientes que el mundo se desploma sobre ti o simplemente, de sacarte una sonrisa en cualquier momento.
Tal vez ahí está la madre del cordero. Sentí por un momento que había una potencial posibilidad de llenar ese vacío y sentir que por fin ya no te falta nada para experimentar la esquiva felicidad... esa felicidad postergada en pos de hacer feliz a los demás, a falta de la tuya.Ese fue mi plan de vida y estrategia para salir adelante las veces anteriores: brindarme por entero a los demás, alegrarte y vivir de la alegría de los otros, de esos otros que quieres, procurar por la felicidad del que amas antes de preferir la tuya. No me quejo porque hasta hace unos meses me había funcionado, pero obvio que no es lo mismo sentir una felicidad ajena que sentir la propia. Cuantas veces me retaron por dejar de lado mi propia felicidad, pero creía que era menos doloroso vivir de esa manera.
Hasta que llegó la oportunidad de romper el esquema, de preocuparme de lo que YO sentía, de jugármela por esa tierra prometida. Se me presentó la oportunidad.. era demasiado tentadora la oferta y no dudé, pese a que había sido advertida en forma majadera que no sería fácil por las circunstancias de la otra parte involucrada, aceptando el reto con todo lo que esto conllevaba. Me la jugué por mi felicidad y viví a costa de ella.. experimenté tantas cosas que jamás había tenido la oportunidad de hacerlo. Me sentí viva, querida, realizada de cierta forma. Cumplí sueños que jamás creí que se harían realidad... cuadros en mi mente que siempre prefabriqué con una sombra.. ahí estaban, materializándose frente a mí y estando de protagonista: unos muy románticos, de película, apasionados, o simplemente.. espontáneos. También conocí otra manera de comportarmiento frente a la vida.. una más liberada y viviendo el momento, dejando un poco la estructura y desordenándola. Dicha experiencia es impagable.
Pero después de tantos sueños y momentos gratos, el sueño acabó y había que enfrentar la realidad. Esa realidad que no me incluía en sus planes por mucho que intentara hacerlo, porque la realidad era otra.. y una muy de peso. No puedo culparlo porque siempre estuvieron claras las reglas del juego y en mí estuvo la decisión de arriesgarme y comenzar esta aventura, vivirla y cómo no, también terminarla. Siempre fue bajo mi responsabilidad.
Y es así como llegué al estado en que me encuentro... estoy involucionando y eso no me agrada. Odio estar desanimada y triste, siendo que mi actitud frente a la vida ha sido alegre y viéndole el lado bueno a las cosas.. regalando la magia que tienen las sonrisas y el optimismo para sobrellevar las adversidades.
Cuando uno aprende, dicen que duele. El que sabe andar bien en bicicleta es porque se cayó mil veces de ella hasta que la dominó. Pues bien, yo no aprendí a andar en bicicleta por el miedo al dolor, al caerme y el pánico que nunca superé. Acá es lo mismo, me arriesgué y traté de conocer esa otra vida, esas otras tantas cosas que nunca en la vida había vivido por miedo y a la falta de oportunidades e instructores. No me arrepiento de haberlo intentado.. no tengo palabras para todas las cosas que viví en ese corto pero intenso tiempo de plenitud soñada. Y en concordancia al dicho.. "lo bueno dura poco" . Fue tan bueno que estuvo destinado a morir, estuvo siempre esa "fecha de vencimiento" acechándonos.. hasta que venció y yo no alcancé a dominar la situación. Caí, me dolió y me dio miedo nuevamente.
Pero después de tantos dulces, viene el trago amargo. Como siempre en mi vida, vivo los periodos y cosas a destiempo. La última en cumplir años, la última en entrar, la última en entender, la última en madurar, etc. Acá se dio que fui la última en asimilar la situación y cuando sucedió comenzó el acabóse. En el fondo, esto es un duelo. Perdí a un ser querido. Primera vez que en mi vida amorosa siento la pérdida de alguien que aún quiero mucho y que siento cada día su partida con aquella actitud de indiferencia emocional. No se alejó físicamente y la rutina de siempre continuo, pero en espíritu ese lazo se está muriendo y eso es lo que más me duele de todo esto. Sentir que hay entre ambas partes una pared invisible siendo que lo tienes al frente. Como que cada día tomo más conciencia de que la magia definitivamente murió y no hay vuelta atrás en ningún sentido.
Lo peor es que no sé por qué razón este tema no me deja avanzar como quisiera. Siendo que estoy con toda la disposición de salir adelante. Además de que la tarea debería ser sencilla porque todo lo vivido y la persona en sí son dignas de recordar de buena forma.
No sé a qué le lloro. Quizás a la mala suerte de no haber coincidido en sintonías, de haber llegado tarde como siempre me sucede, de no ser lo suficientemente satisfactoria como para producir una preferencia.
Incluso he llegado a cuestionarme mi forma de ser: chica, inmadura, sin mundo, fome, con falta de independencia, ñoña, enojona.. y quizás cuantos otros detalles más que no me gustan de mi personalidad.
Me percibo apagada, sin ganas de nada.
Lo que es peor.. coincidió con toda la carga de estudios, el cansancio normal del periodo; sumándole a eso, ese inconformismo conmigo misma que saqué como explicación a mi fracaso amoroso, este tema en sí mismo y quién lo protagoniza, siendo su comportamiento lo que más me perturba.
Tengo TANTAS razones como para estar feliz... y no lo estoy.No me falta nada dentro de lo justo y necesario para vivir, pese a lo que acontece siempre he rendido bien en la universidad, mis padres volvieron y estan felices, tengo familia y amigos que me quieren y apoyan siempre, estuve de cumpleaños hace unos días y me saludó una enorme cantidad de gente, salí electa presidenta del centro de estudiantes de mi carrera hoy... pero sigue existiendo esa piedra de tope.. esa imagen ausente, ese vacío que ya no es representado por este hombre en particular, sino más bien por la falta de un sentimiento de amor de pareja, esa pareja que está ahí para apoyarte en tus bajos y celebrar tus altos, de compartir contigo esos momentos inolvidables y felices, de quererte y hacerte cariño cuando sientes que el mundo se desploma sobre ti o simplemente, de sacarte una sonrisa en cualquier momento.
Tal vez ahí está la madre del cordero. Sentí por un momento que había una potencial posibilidad de llenar ese vacío y sentir que por fin ya no te falta nada para experimentar la esquiva felicidad... esa felicidad postergada en pos de hacer feliz a los demás, a falta de la tuya.Ese fue mi plan de vida y estrategia para salir adelante las veces anteriores: brindarme por entero a los demás, alegrarte y vivir de la alegría de los otros, de esos otros que quieres, procurar por la felicidad del que amas antes de preferir la tuya. No me quejo porque hasta hace unos meses me había funcionado, pero obvio que no es lo mismo sentir una felicidad ajena que sentir la propia. Cuantas veces me retaron por dejar de lado mi propia felicidad, pero creía que era menos doloroso vivir de esa manera.
Hasta que llegó la oportunidad de romper el esquema, de preocuparme de lo que YO sentía, de jugármela por esa tierra prometida. Se me presentó la oportunidad.. era demasiado tentadora la oferta y no dudé, pese a que había sido advertida en forma majadera que no sería fácil por las circunstancias de la otra parte involucrada, aceptando el reto con todo lo que esto conllevaba. Me la jugué por mi felicidad y viví a costa de ella.. experimenté tantas cosas que jamás había tenido la oportunidad de hacerlo. Me sentí viva, querida, realizada de cierta forma. Cumplí sueños que jamás creí que se harían realidad... cuadros en mi mente que siempre prefabriqué con una sombra.. ahí estaban, materializándose frente a mí y estando de protagonista: unos muy románticos, de película, apasionados, o simplemente.. espontáneos. También conocí otra manera de comportarmiento frente a la vida.. una más liberada y viviendo el momento, dejando un poco la estructura y desordenándola. Dicha experiencia es impagable.
Pero después de tantos sueños y momentos gratos, el sueño acabó y había que enfrentar la realidad. Esa realidad que no me incluía en sus planes por mucho que intentara hacerlo, porque la realidad era otra.. y una muy de peso. No puedo culparlo porque siempre estuvieron claras las reglas del juego y en mí estuvo la decisión de arriesgarme y comenzar esta aventura, vivirla y cómo no, también terminarla. Siempre fue bajo mi responsabilidad.
Y es así como llegué al estado en que me encuentro... estoy involucionando y eso no me agrada. Odio estar desanimada y triste, siendo que mi actitud frente a la vida ha sido alegre y viéndole el lado bueno a las cosas.. regalando la magia que tienen las sonrisas y el optimismo para sobrellevar las adversidades.

La vida no es más que un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará.
Por lo tanto, viendo que es hora de tomar el toro por las astas, he decidido volver al plan A: el plan Amélie, quién tiene la misma filosofía de vida antes mencionada, ya que mi plan B falló, a diferencia de Amélie a quién sí le funcionó y aprendió la lección de que no debe posponer su felicidad y arriesgarse a vivir la vida con quién ama sin temor al fracaso.
Habrá que intentar usar el plan B si se da la ocasión.. Mientras, estará en marcha el Plan A, por lo menos hasta que logre digerir completamente lo sucedido y lo asimile como se merece, sin rencores ni penas y de buena manera; sirviendo también el estar un tiempo prudente con los pies en la tierra... y en soledad, ya que entre clavos que se tratan de sacar no hay entendimiento ni justicia.
Si Amélie encontró a su Nino ... ¿cómo yo no encontraré al mío? .-